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a journal of literature & art

The Literary Review       Issue 9

Fiction      Page 11

El olor de los jazmines
by
Margarita Drago

Papá era un enamorado de las flores, sobre todo de las rosas, las margaritas y los jazmines. A la entrada de la casa teníamos un jardín en el que él cultivaba rosales, preparaba injertos y obtenía rosas rojas con betas rosadas o amarillas con pinceladas naranja. Sembraba semillas de margaritas a lo largo del patio, y cuando florecían en primavera formaban una larga línea de pétalos blancos con un pompón amarillo brillante en el centro. Me gustaba mirar las flores del jardín, me adentraba en sus corolas como si buscara en el fondo de las mismas el origen de la vida. Me encantaban los colores de las rosas, y las margaritas por la perfección y gracia con que sus pétalos sostenían el solecito del centro. De la variedad de flores que había en el jardín que cultivaba papá me atraían los jazmines por su perfume embriagante. Para las navidades solía comprar jazmineros llenos de botoncitos a punto de estallar. Con cuidado extremo, papá cavaba la tierra y depositaba las plantas de jazmines a lo largo del jardín. Las regaba y luego quedaba a la espera del día en que los botones reventaran al unísono, saludando la vida. El perfume de los jazmines llenaba el aire, y a veces de tan intenso, se filtraba por las ventanas o las rendijas de las puertas y entraba en la casa para instalarse en las habitaciones, en el comedor y la sala. Lo invadía todo.

El aroma del jazmín me recuerda a mi padre, me despierta una memoria dulce, me traslada a los días de infancia y adolescencia, y borra, por momentos, con una delicadeza casi imperceptible, la tristeza que se había instalado en nuestras vidas.

The smell of jasmine
by
Margarita Drago

Dad was in love with flowers, especially roses, daisies, and jasmine. At the entrance of the house we had a garden in which he grew rose bushes, prepared grafts and reaped red roses with pink or yellow streaks with a touch of orange. He sowed daisy seeds throughout the yard, and when they bloomed in the spring, they formed a long line of white petals with a bright yellow pompom in the center. I liked to look at the flowers in the garden. I looked into their corollas as if searching deep within them for the origin of life. I loved the colors of roses, and daisies for the perfection and grace with which their petals supported the little sun in the center. Of the variety of flowers in the garden that father grew, I was attracted to jasmine for its intoxicating scent. For Christmas he used to buy jasmines filled with little flower buds about to burst. With extreme care, papa dug the earth and planted jasmine throughout the garden. He watered them and then waited for the day when the flower buds exploded in unison, greeting life. The perfume of jasmine filled the air, sometimes so intense, it filtered through the windows or the cracks in the doors and entered the house to settle in the bedrooms, the dining room and the living room. It invaded everything.

The scent of jasmine reminds me of my father, it awakens a sweet memory in me, takes me back to the days of childhood and adolescence, and erases, at times, with an almost invisible delicacy, the sadness that had settled in our lives.

(Translated by Edna Pérez)

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