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a journal of literature & art

The Literary Review       Issue 9

Fiction      Page 9

Ella y el mar
por
Margarita Drago

La mujer despertó́ angustiada. Se levantó́, fue al baño como de costumbre y tomó una ducha. Permaneció largo rato bajo el agua, con la intención de que ésta se llevara la imagen del sueño de la noche anterior que tanto la había aterrorizado. Prendió un incienso, repitió el mantra que usualmente la tranquilizaba, rezó una plegaria, sin resultado. Ese día hizo los quehaceres cotidianos y trabajó nerviosa e inquieta. Cuando la tarde estaba casi agonizando sintió́ deseos de ir al mar. Debía ir desnuda, algo se lo decía, cubierta solo con la túnica de seda blanca. Se arropó con ella y echó a andar. Se adentró́ en la playa solitaria y caminó sin tiempo, descalza sobre la arena fresca. De pie frente a las olas que calladamente se rompían en la orilla, levantó la mirada y pidió clemencia. Repentinamente el cielo se puso negro como de tormenta, aun así el mar se veía de un azul intenso luminoso. La mujer permaneció de pie frente al mar. De pronto, un temblor suave y tibio le recorrió́ el vientre y le bajó hasta el sexo.

Se recostó́ en la arena húmeda, abrió́ los brazos en cruz y las piernas en posición de entrega. El temblor del vientre se hizo más agudo, el calor le quemó las entrañas. La mujer emitió́ un gemido y pujó tres veces con fuerza. Del corazón de su vulva tibia, abierta en flor, se desprendió́ el cuerpo voluminoso de la madre, tal como lo había visto en el sueño de la noche anterior, flotando boca abajo en la bañera. Apoyada sobre los codos, la mujer levantó la cabeza para mirarlo. El cuerpo, transformado en una masa blanca incandescente, empezó a dar volteretas en el aire, formaba círculos, descendía y en el descenso rozaba el agua. La blancura radiante de la silueta contrastaba con el mar, vuelto ya una inmensa masa negra. La mujer vio cómo la silueta se fue hundiendo lentamente y, sin intento de rescatarla, se quedó mirando, fijamente, los últimos puntitos de luz que brincaban sobre la superficie acuática.

The woman woke up in anguish. As usual, she got up, went to the bathroom and took a shower. She stayed a long time under the water, thinking this would take away the image of the dream she had last night, which had terrified her so much. She lit incense, repeated the mantra that usually calmed her and said a prayer, but to no avail. She did her daily chores in a nervous and restless state. When the afternoon was almost dying she felt a desire to go the sea. She must go naked, something inside her said, only with her white silk tunic covering her. She wrapped herself in it and started walking. She entered the lonely beach and walked without a care in the world, barefoot on the fresh sand. She stood in front of the waves that quietly broke on the shore, looked up and asked for clemency. Suddenly the sky turned black as if a storm approached, yet the sea was bright blue. The woman remained standing in front of the sea. Suddenly, a soft and warm tremor traveled from her womb down to her sex.

She leaned back on the damp sand, spreading her arms and legs in surrender. The trembling in her womb became more acute; the heat burned her insides. The woman groaned and pushed three times with force. From the heart of her warm vulva, opened like a flower, it detached from the mother’s voluminous body, as she had seen the previous night in her dream, floating face down in the bathtub. Leaning on her elbows, the woman raised her head to look at it. The body transformed into a glowing white mass, doing somersaults and circles in the air, grazing the water as it descended. The radiant whiteness of the silhouette contrasted with the sea, now an immense black mass. The woman saw how the silhouette slowly sank and, without trying to rescue it, she stared at the last little points of light that jumped on the sea surface.

(Translated by Edna Pérez)

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